
El dinero es el más universal y más eficiente sistema de confianza mutua que jamás se haya inventado.
Yuval Noah Harari
ANÁLISIS CRITICO: Al desarrollar los sapiens el lenguaje como forma de comunicarse información de su entorno real surgieron las ficciones, una forma de comunicar lo que no se encontraba en el mundo real sino en las mentes de los sapiens, transmitiendo mitos y creencias, logrando con esto una cooperación en mayor de numero de individuos pues la cooperación entre grandes grupos de desconocidos es mas fácil de si estos comparten una creencia por la que efectúan las cosas. Las ficciones han ayudado a unificar el mundo en un sistema universal que antes estaba compuesto por numerosos mundos que vivían en la ignorancia de la existencia de otros ademas de ellos, tales como el dinero, una creencia que es compartida por toda la población y que sin existir como entidad física, manifiesta leyes y comportamientos que impone sobre nosotros; los imperios, que buscaron extenderse, desarrollaron sus propias culturas y sistemas y trataron de someterse unos a otros, como resultado una mezcla de culturas que ahora relacionan a la población; y la religión que se desarrollo como una forma de anhelo y esperanza , mezclando unas con otras y contradiciendo lo que predican, tratan de responder cuestiones como el bien y el mal y la existencia de un poder sobre humano que nos rige a todos.
La religión y el dinero son, probablemente, las dos ficciones más exitosas de todos los tiempos. Ambas cosas, aunque parezcan de una naturaleza completamente distinta, se basan en la fe. En el caso de la religión, ésta parte de la fe en la existencia de un dios, en una serie de acontecimientos propiciados por él y en unas reglas morales determinadas que, si se respetan, pueden garantizar una recompensa en la otra vida.
En el caso del dinero, aunque ahora no pensemos mucho en ello, la fe es más simple y a la vez mucho más complicada: consiste en creer que una moneda, un trozo de papel o una transacción electrónica, que en sí mismos no tienen ninguna clase de valor, serán aceptadas por otros a cambio de cosas que sí lo tienen, como una barra de pan, unos zapatos o un coche.

Durante mucho tiempo, como explica maravillosamente ‘Dinero’, de Felix Martin (RBA), se pensó que el dinero solo era un sustituto muy sofisticado para superar el trueque, es decir, el intercambio de unas mercancías por otras. Como era difícil encontrar oportunidades de trueque -tú tenías que tener, por ejemplo, el pescado que quería otra persona a cambio de sus abalorios; de lo contrario, te quedabas sin abalorios-, se inventó el dinero, que era una mercancía que todo el mundo aceptaba porque estaba emitida por la autoridad gubernamental y, además, tenía un valor en sí misma, porque durante la mayor parte de la historia las monedas se han fabricado con metales preciosos como la plata o el oro.
Sin embargo, esto no es cierto, dice Martin. El dinero no fue un sustituto del trueque, sino más bien una tecnología paralela basada en la confianza: tú aceptabas una moneda a cambio del pescado que vendías porque sabías que luego el artesano aceptaría esa moneda a cambio de unos abalorios, y este sabia que luego podía ir con esa misma moneda y obtener un hacha, y así sucesivamente. La clave del dinero consiste en que puedes estar seguro de que los demás lo valoran igual que tú (al menos nominalmente en épocas sin alta inflación, pero no compliquemos las cosas), que la sociedad ha hecho una especie de pacto según el cual 1 o 10 o 100 unidades de moneda tienen para todos el mismo valor y todo el mundo las acepta para comerciar. Esto es aún más cierto desde que las monedas -sean de metal, papel o simples anotaciones electrónicas- carecen de valor intrínseco: no son mercancías sino, como dicen los economistas, monedas fiduciarias, basadas en la fe en su valor.
